el que anda sintiendo envidia
de nuestro presente..."


Esta noche pido prestado un texto:
"Gabriel Macaroff escribió la siguiente metáfora:
Qué es ser de izquierda. Ser de izquierda no es ser comunista, antiimperialista o anticapitalista; no es ser oposición al gobierno. Ser de izquierda va mas allá de un mero pensamiento o idea del Estado; va mas allá porque ser de izquierda significa dinamismo, movimiento, reforma; no puede identificarse a un espíritu dinámico, ágil, transformador y luchador con ideas estáticas, totalitarias y definitivas.
Figúrense una vía de tren, y sus estaciones. Cada estación es una concepción política, y cada tren es una sociedad. Una sociedad de derecha llega y se queda en una sola estación, aunque no sea la más apropiada para sus pasajeros; una sociedad de izquierda, siempre cambia de estación, buscando la felicidad de su pueblo. Seamos trenes, no meras estaciones; seamos trenes en movimiento, no conglomerados de gente dentro de un habitáculo inmóvil. El cambio general debe empezar con el propio cambio; si no te animás al cambio, no sos de izquierda."
Viento,
palmo a palmo las sonrisas traen olores
aire,
fresco por la ventana del tren.
Un do
un chasquido silencioso
un re
un tema nuevo y cotidiano
la realidad
y el momento que te libera.
Viento,
las puertas abiertas y alguien colgado
tal vez del estribo
que se sincera con la gente y vomita
verdades.
Así que sostenme fuerte
te pido
por un instante más,
casa está
cada metro más cerca.
Viento,
la sonrisa se me escapa
y que me importa
que me miren feo o digan
y hablen
de que mi guitarra rasguea
y tu manos me hablan
y sólo
tú y yo entendemos.
Si es viento,
el soplo de vida que recuerda
el día a día
de una canción que hace rato
dejó de ser
una canción desesperada
y canta
con el viento de mis pulmones.
Viento, mierda.
Manto de segundos que se regeneran
y se hacen
y renacen, una vez
y otra vez,
y repiten y repiten
esto que
me hace simple como el viento.
Ser feliz
es más bonito y más sabroso
cuando el sol
brilla en nuestras manos.
¿O era un fa,
o eran sus manos,
o era el destino
o era mi llanto?


Amor o costumbre.
Otra semana se viene, la distancia una vez más me deja huellas de soledad solitaria sin más que tu voz. Te extraño, gordo. Yo también, mi reina. Y suena el mudo reloj contra el kilometraje desahuciado.
Se viene el final. (¿Abierto o cerrado?)
Cobarde mensaje que nos junta en un punto neutral, exequias de un abandono anunciado. Que no sos vos, soy yo. Que un por qué anda dándose la cabeza contra el techo. Que un nudo gigante se pone a contar años, días, semanas, horas, segundos. Que en las manos se ven las marcas de los kilómetros, de las historias compartidas.
Al final, calendario nuevo.
Lágrimas que van lavando heridas, un café abandonado junto a la guitarra y la copa vacía admiran la letra de esa canción que lleva las frases que te escribí escondidas entre un anagrama. Sí, todavía te amo. Qué se le va a hacer, me miento entre resignación dudosa.
A mirar al horizonte…
¡Ni se te ocurra aparecer en él!